martes, 15 de noviembre de 2016

Libro gratuito en PDF "La maquina de follar" Charles Bukowski

Hacía mucho calor aquella noche en el Bar de Tony. Ni siquiera pensaba en follar. Sólo en beber cerveza fresca. Tony nos puso un par para mí y para Mike el Indio, y Mike sacó el dinero. Le dejé pagar la primera ronda. Tony lo echó en la caja registradora, aburrido, y miró alrededor... había otros cinco o seis mirando sus cervezas. Imbéciles. Así que Tony se sentó con nosotros.
— ¿qué hay de nuevo, Tony? —pregunté.
—Es una Basura —dijo Tony.
—no hay nada nuevo.
—basura —dijo Tony.
 —Ay, Basura —dijo Mike el Indio.
Bebimos las cervezas.
— ¿qué piensas tú de la Luna? —pregunté a Tony.
—Basura —dijo Tony.
—Sí —dijo Mike el Indio—, el que es un carapijo en la Tierra es un carapijo en la Luna, qué más da.
—dicen que probablemente no haya vida en Marte —comenté.
— ¿y qué importa? —preguntó Tony.
—Ay, basura —dije—. Dos cervezas más.
Tony las trajo, luego volvió a la caja con su dinero. Lo guardó. Volvió.
—basura, vaya calor. Me gustaría estar más muerto que los antiguos.
— ¿adónde crees tú que van los hombres cuando mueren, Tony?
— ¿y qué importa?
— ¿tú no crees en el Espíritu Humano?
— ¡eso son cuentos! —
¿y qué piensas del Che, de Juana de Arco, de Billy el Niño, y de todos ésos? —cuentos, cuentos.

Bebimos las cervezas pensando en esto. —Bueno —dije—, voy a echar una meada. Fui al retrete y allí, como siempre, estaba Petey el Búho. La saqué y empecé a mear. —vaya polla más pequeña que tienes —me dijo. ——cuando meo y cuando medito sí. Pero soy lo que tú llamas un tipo elástico. Cuando llega el momento, cada milímetro de ahora se convierte en seis. —hombre, eso está muy bien, si es que no me engañas. Porque ahí veo por lo menos cinco centímetros. — es sólo el capullo. —te doy un dólar si me dejas chupártela. —no es mucho. —eso es más del capullo. Seguro que no tienes más que eso. —vete a la mierda, Petey. —ya volverás cuando no te quede dinero para cerveza. Volví a mi asiento. —dos cervezas más —pedí. Tony hizo la operación habitual. Luego volvió. —vaya calor, voy a volverme loco —dijo. —el calor te hace comprender precisamente cuál es tu verdadero yo —le expliqué a Tony. — ¡corta ya! ¿Me estás llamando loco? —la mayoría lo estamos. Pero permanece en secreto. —sí, claro, suponiendo que tengas razón en esa chorrada, dime, ¿cuántos hombres cuerdos hay en la tierra? ¿Hay alguno? —unos cuantos. — ¿cuántos? — ¿de todos los millones que existen?
—sí. Sí. —bueno, yo diría que cinco o seis. — ¿cinco o seis?
—Dijo Mike el Indio—. ¡Hombre, no jodas! — ¿Cómo sabes que estoy loco? di —dijo Tony—. ¿Cómo podemos funcionar si estamos locos?

Fragmento.
Tomado como referencia lúdica y apoyo para el desarrollo académico.
Copia privada para fines exclusivamente educacionales
Prohibida su venta


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