martes, 17 de mayo de 2016

La seguridad como metodo de control, un ataque a la democracia

Teniendo en cuenta que algunos sectores sociales logran superarse de manera exitosa de los brotes de violencia, el estado se la pasa cambiando las figuras de seguridad con un solo denominador común, la indiferencia del estado y el carácter violento de las practicas normativas sobre las cuales se fundamentan. Una política basada en la seguridad consiste en pretender superar la violencia con represión y con destrucción de las libertades democráticas.

Entonces, la seguridad funciona como un agente destructor de la libertad. La democracia solo agacha su cabeza ante los niveles exagerados de desigualdad social y cuando los sectores sociales buscan la equidad aparece la seguridad para reprimir esos clamores de justicia, como dice el dicho con nuestros impuestos le pagamos a alguien para que nos parta la espalda a palo. Aunque se ubiquen a la derecha, a la izquierda, o al centro, el estado poco le importara los índices de homicidios o las violaciones a los derechos humanos. lo único que importa en una política de seguridad es mantener una sociedad bajo control ya sea por el uso de la fuerza o por el uso de los medios de comunicación.

Los modelos de seguridad implantados por diferentes estados se pueden expandir a sus anchas bajo la mirada cómplice de los medios de comunicación, dejando a su rastro las sombras de un país en ruinas, carente de ideales y defendiendo a capa y espada al tirano que con miedo los protegió de un flagelo que no conocían, se puede amar al enemigo siempre y cuando porte un arma que los haga sentir seguros olvidando que la libertad no depende de otros sino de si mismos.

Es común, ver personas defendiendo a capa y espada algunas corrientes políticas que en silencio, bajo el modelo de seguridad los reprime. El uso de la represión y el encuadramiento civil bajo las organizaciones policivas y otras organizaciones allegadas a el estado no traen seguridad, al contrario puede llevar a una destrucción mayúscula, una crisis humanitaria profunda, que acaba con la libertad ciudadana y con cualquier constitución política.

La seguridad le compete a cada ciudadano y le corresponde a cada entidad estatal garantizar la tranquilidad. Mientras que la seguridad sea la prioridad, la democracia solo será el trapo sucio donde juagan las manos los grandes manipuladores. (Lee también: depresión en primera persona, el poder de las apariencias.)